BCCPAM000258-3-12000000000000

95 La dignidad régia é imperial del Vicario de Cris- to es un hecho, cuyo preambulo y cuyo desenvolvi-— miento cuentan una série de catorce siglos. Sabido és, que tan pronto como Constantino recibié la fe de Jesucristo, y dié decretos para que en todo el orbe conocido y subyugado por las aguilas romanas, que- dase proscrita la idolatria, se retird de Roma, trasla- dando la capital de imperio 4la ciudad de Bizanzo, que desde entonces cambié su nombre en el de ciudad de Constantino. Este hecho significa mucho: significa que el primer emperador cristiano reconocié en el ro- mano Pontifice algo que era mucho mas que él; dejin- dole por lo mismo el puesto que él ocupaba en Roma, por causarle cierto rubor tener su trono imperial alli donde existia un soberano que representaba al empe- rador de los sigles, al rey de cielos y tierra. Digan lo que quieran los émulos de la dignidad régia de los sucesores de San Pedro, 6 inventen lo que gusten los hombres de Ja revolucion yJa demoeracia, pues nun- ca podran convertir la historia en fiibulas 6 en mito- -Jogia: la historia verdadera nos dice, que cuando el dguila romana tuvo dos cabezas con corona imperial, mirando una é Oriente y otra al Occidente, los empe- radores de Oriente vivieron en Constantinopla, mien- tras que los pocos que hubo en Occidente vivian en Milin 6 en Aquileya 6 en Ravena; pues no parece si- f6 que veian en Roma una sombra que los aterraba y los alejaba de alli. Eran los preambulos de la dig- nidad Real del Vicario de Cristo, que precedian A la aparicion completa, como la aurora se deja ver antes que salga el sol. Habia consules, y existia el senado; pero tambien es cierto que cuando el feroz Atila ba- jaba contra Roma con Jos ojos chispeando de furor,

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz