BCCPAM000258-3-12000000000000

93 ro en el orden social establecidd por Dios para el bien temporal de los hombres. Hombres, qtie ampulosa- mente se Haman filésofos, han intentado trastornar _ los principios fundamentales del derecho publico, abriendo una fosa para enterrar en ella el derecho. divino y la revelacion, y un campo anchisimo 4 las disensiones y combates que han producido sus doc- trinas, quitando’ la paz de la tierra. Y como estos nuevos elementos de derecho convergen todos 4 cons- tituir el principio de autoridad en el pueblo; por eso estamparémos aqui otros principios, ‘pero principios de verdad eterna, que Dios nos ha revelado. Di- cen pues estos elementos de derecho natural, divino y de gentes, que Dios crié al hombre de la nada, y lo hizo conforme @ su imagen: (1) que le dié derecho de po- teslad sobre las cosas que hay en la fierra: (2) y que pu- so al frente de cada pueblo uno que lo gobernase. (3) Es- te es el derecho divino, el natural y de gentes. Enél esta fundado el derecho de propiedad y de posesion legitima: en él tambien esta el derecho de autoridad, con que manda el jefe de la nacion;y en su presen- cia quedan reducidos 4 la nada los lamados derechos del hombre, los titulados derechos de la sociedad, los aclamados derechos del pueblo, los apellidados derechos ilegislables, si no tienen una conformidad perfecta con los que Dios ha revelado, é impreso en el corazon de c#da hombre. Con esta antorcha en la mano, vamos a considerar el mejor derecho de reinar que reside en el Sumo Pontifice; para qué considerdndolo bajo (1) Eccli., cap. XVII, v. 4. (2) bids V.e (3)- Thid., v. 44.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz