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91 mente, por habérnoslo asegurado el mismo Jesucris- to, que mientras la Iglesia milite en la tierra, ha de permanecer sdlida y estable, fundada sobre Pedro y sus sucesores; pues a todos estos ha dicho en la per- sona de aquel: ti eres Pedro, y sobre esta piedra he de fundar mi Iglesia, y las puerlas del inferno no prevalece- ran contra ella: (1) los cielos y la tierra pasardan: pero mis palabras no pasaran, (2) Haga, por tanto, Lucifér cuan- to quiera: suscite emperadores tan ‘poderosos como Trajano y Maximiano, tan fildsofos como Marco Aure- lio, tan hipécritas y astutos como J uliano, y tan fero- _ ees como Domiciano: forme ligas con todos los. reyes de la tierra: proporcione 4 los herejes acervos de oro tan altos como los montes de Himalaya, naves tan numerosas como robles hay en las montaiias: forme ejércitos como los de Jerjes y Alejandro: convoque 4 todos los cismaticos, herejes, sectarios, carbonarios, masones, filésofos, revolucionarios y politicos de ma- la ley: haga, repetimos de nuevo, lo que ha hecho tantas veces ya; pues nosotros sabemos, y podemos - decirlo desde ahora, que en la mayor batalla que pue- da presentar contra la roca del edificio de la Iglesia catélica, ha de quedar derrotado; y que Pedro lo ha de hacer bambolear como 4.un ébrio, quedando tam- bien sus cooperadores tan batidos y derrotados, co- mo los ha derrotado hasta hoy. Esta es la fe catélica, este el derecho divino del romano Pontifice; derecho que pretende destruir Sa- tanas auxiliado p r sus servidores, de quienes se apo- dera con sus sugestiones malignas, para tener siem- (1). Mat., cap. XVI, v. 18. (2) Ibid., cap. XXIV, v. 35,
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