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i i } ; j 90 der la de la expiacion. Tilo podrd venir, y con él mu- chas ruinas. En presencia de estos acontecimientos, el mundo dente una ribera la tempestad que rodea con sus olas la nave valerosa que combate con ellas: parécele al observador lejano que la sumergen cada vez que la embisten, y noes asi. Todo ese tumulto levantado contra el sucesor de San Pedro, no es mas que la pro- testa ruidosa que el infierno ha-hecho contra el dog- ma declarado Ultimamente por la Iglesia sobre la in- falibilidad del magisterio universal del romano Pon- tifice. Es lo mismo que esta haciendo Lucifér desde el momento de su rebelion; ; lo mismo que hizo, hace ya trescientos cincuenta anos, con fracaso y estrépi- to, cuando suscité contra la autoridad del Vicario de Cristo 4 monjes y sacerdotes relajados, 4 reyes y principes voluptuosos, y 4 pueblos entregados 4 la licencia y al desenfreno de las pasiones, 4 quienes dié por ensenha de su cristianismo negativo el nom- bre mas especifico de su orgullo: Prolestantismo. Gran- de es el ruido de la tormenta que el infierno ha sus- citado, y no puede uno ménos de preguntar: ;Qué sucedera? jEn qué parara esta confusion espantosa, que la revolucion ha sembrado en la sociedad? Solo Dios sabe lo que sucedera; pero en cuanto 4 la Igle- sia y 4 su cabeza visible, el mundo creyente ya sabe lo que tiene que suceder. En cuanto al espiritu rebelde, sabemos que que- dara despues de esta tentativa tan vencido como en las anteriores, pero tan obstinado como antes, y tan dispuesto 4 continuar su guerra encarnizada contra el Vicario de Cristo. Pero tambien sabemos ‘infalible-
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