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hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mu– cho: no vaciles en pedir: me gustan los cora. zones generosos, que llegan a olvidarse en cier– to modo de sí mismos, para atender a las necesidad2s ajenas. Háblame con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras con– solar, de los enfermos a quienes ve¡¡ padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, e.e los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de recuerdo. Recuérdame que he pro. metido escuchar toda súplica que salga del corazón: ¿y no ha de salir del corazón el rue– go que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama? Háblame y pídeme cuanto antes. ¿Y para t.i, no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, una como lista de tús ne– cesidades, y ven, léela en mi presencia. • Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad, tentación; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente ... , y pídeme íuego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para sacudir de encima de ti tales miserias. No te avergüences ¡ pobre alma! ¡ Hay en el cielo tantos justos, tantos santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildacL..; y poco a poco se vieron libres de ellos. Ni .menos .· vacil.es. .e:q pedirme bienes espi. ritu,ales y corporales: salud, memoria, éxito 125

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