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-172- recieron los pájaros cantores y la tristeza se· apoderó de ·nuestros corazonei,¡. Varios señores se nos presentaron cuando salíamos de la ciudad. Si no te desvías encontrarás enseguida una fu~nte a la derecha del camino. Pero si no llegáis hasta la fuente no veréis agua en todo el camino. Cuando estuvimos·en aquel mon· te a las cuatro de la tarde se ocultó el sol, se extendió la niebla y por no ver el camino se nos perdió un compañero. Subim~_s al mes siguiente lo más temprano que, pudimos y estuvimos largo _ tiempo en la cima, porque la luz de la mañana nos iluminaba.· La tercera vez que subimos aunque con dificultad llegamos has– ta la cima; pero por causa del aire fuerte nos volvimos en segui– da. Adios montes queridos de la patria, cuándo os veré de nuevo? No puedo detenerme más porque luego me vendrán los ami– gos. Los niños que dejamos pequeños en aquel caseríó han ere· _ cido. Los que quedaron en el colegio ya se fueron a sus casas, .muchos no volverán más. 59 El pobrecillo se nos fué sin decir nada. Antes de marcharte de casa tienes que traer de la fuente agua limpia. Los vimos atados en la cárcel y dijeron que se escaparían al día siguiente. Antea– yer se le escapó a mi vecino la vaca más hermosa. El caballo ' más fuerte podría caerse por esa cuesta pendiente. Se alegró mu– chísimo nuestro profesor cuando nos presentamos a él. ¿Qué an– da buscando ese muchacho entre esos malos amigos? A nuestros - compañeros parece que les vino alguna mala noticia. Por andar demasiado aprisa se le derramó toda la lephe. Si no andamos más aprisa se.nos marcharán los pájaros. Por triste y pesaroso que esté tu corazónmás triste y pesaroso estará la semana próxima. Los días de invierno cortos y oscuros; los del verano calientes, claros y más largos. Hoy mismo está la niebla muy extendida sobre toda la tierra y no podemos entrar en el mar. Supiste que nos llegarian noticias tristes en los últimos días. Los niños dé más de seis años todos pueden quedars·e. Lo que no has he– cho por la mañana, habrá que hacerlo por la tarde. Para cuando fuimos al monte todas las ovejas se nos habían bajado al llano. • Lo vi yo mismo al volver del campo. A los bueyes de mi casa se les doblaron los cuerpos cuando pasaban por debajo de un ár– bol. Para cuando el estudiante fué a la ciudad encontró a su ma– dre a punto de morir. 60 Goiz onetan eztezu ikusiko ekati zaitzun oskia. Elizatik itzu-
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