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distintos grupos que formarán, dentro de su misma etnia, una vez que ya ha sido ordenada y transformada la tierra. Es importante resaltar, como se observa en sus mitos de los orígenes, que esta distribución territorial es voluntad expresa de Sabaseba. Y no s:Slo esto, sino su intención de contar con los Saimadoyi (primeros barí) par~ la organización del mundo. Son colaboradores de Sabaseba. Y su sumisió:1 a Sabaseba se convierte en ejemplarizante para los barí de todos los tiempos, que deben seguir haciendo lo que hicieron en aquellos tiempos primordiales. Desde entonces, el pueblo barí se siente con sentido: el mito de sus orígenes les relata y celebra, a su vez, el porqué de su condición humana particular, así como le remite a la explicación original de por qué ocupa unos lugares geográficos precisos, dados por Sabaseba en los tiempos primordiales, de su fundación, como grupo étnico particu– lar. Esta ubicación geográfica deberá ser respetada por ellos mismos en la distribución de los distintos grupos y, sobre todo, deberán defen– derla como algo suyo contra cualquier otro grupo invasor. Fue deseo de Sabaseba. Dentro de este origen de su grupo étnico, hay una característica muy sobresaliente, a la que hemos aludido al analizar la forma de ser del pueblo barí: el barí es eminentemente alegre, sonriente, a la vez que lo conjuga con una natural seriedad, que lo distingue, a todas luces, de otros grupos étnicos cercanos a su territorio. ¿Cómo se explica este modo de ser tan particular? También los mitos barí han intentado responder y fundar esta pe– culiaridad, acudiendo a sus orígenes. Tal como nos lo relatan, se funda de la siguiente manera. Un buen día, Sabaseba, según estaba partiendo con su machete una de esas piñas con las que se alimentaba en su duro trabajo, sintió que dentro de la misma sonreían personas. La abrió y salió una familia barí sonriente y alegre. Fue entonces cuando Sabaseba les dijo: «Vosotros os llamaréis barí y estaréis siempre ale– gres y sonrientes». «Es por lo que al barí no le está permitido ponerse nunca bravo, porque sus orígenes fueron éstos, tal como nos lo rela:an los ancianos. Y así lo recomendó Sabaseba. Así lo han hecho todos los barí desde el comienzo y así también debemos hacerlo nosotros». De ahí arranca la proverbial sonrisa del barí, que llama tanto la atención de cuantos los visitan. El mito barí ha proyectado, de esta forma, su modo de ser en un modelo ejemplar, arquetipo, que lo h=1ce remontar a sus orígenes fundacionales para darle sentido y consagrarlo. 119
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