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Con esto quedaba constituida la familia barí, y reconocida la im– portancia que, dentro de la historia de este pueblo, adquiere esta ins– titución, en cuanto grupo primario, como ya hemos visto con deten– ción en la primera parte de nuestro trabajo de campo. Se encuentra aquí un detalle muy significativo que consideramos necesario hacer resaltar. Contra lo que aparece en otras cosmogonías, aquel nombre que Sabaseba le impone a la nueva familia, no es deter– minado. Se llamará simplemente personas, gente, hombre: «barí» 202 • Una vez constituido el pueblo barí, Sabaseba les va señalando los distintos sitios que ocuparán en esta especie de «gran teatro del mun– do» que se inicia y en el que desempeñarán los oficios que les irá indicando. Sabaseba, precisan nuestros informadores, y se observa en algunos de sus relatos, procura, a continuación, señalarles sus respec– tivos sitios geográficos, bien determinados, en correspondencia con los 202. Este significado del término «barí» debemos tenerlo muy en cuenta, para no confundir a otras personas mitológicas con el grupo étnico propiamen– te barí. Así, cuando se les pregunta, por ejemplo, si los Taibabióyi eran «per– sonas», inmediatamente responderán: «Sí, son barí». Para mayor precisión es necesario matizar la pregunta, indicándoles si son de su propio grupo étnico o no. A lo que responderán: «Akabá»: de ninguna forma. Este detalle adquie– re una importancia capital en el tema del personaje Sabaseba, como más tarde veremos. Hacer proceder el género humano del mundo vegetal parece ser una con– cepción mítica generalizada en la historia de la cultura. Igualmente, han teni– do mucha importancia en la manifestación de lo sagrado las epifanías vegetales (cf. G. WIDENGREN, Fenomenología de la religión, Madrid 1976, 144; M. EuA– DE, Tratado de Historia de las Religiones II, Madrid 1974, 39-108. No com– partimos lo que Villamañán recoge de Adolfo Akairagdóu en torno al origen de los batí: «La gente primera que salió lo hizo del hueco de un árbol» (Mi– sión y antropología. Origen de los hombres y cosas del otro mundo según la tradición de los motilones barí, en Ven.Mis. 31 (1969} 269}. De hecho, él mis– mo, en su trabajo ya más elaborado: Cosmovisión ..., 6, no hace alusión a este origen. Quizá pueda explicárse por falta de precisión en la pregunta sobre el origen de algunos personajes míticos o de su situación actual, como los «Bá– migdá», que viven en los troncos de los árboles. En los primeros contactos con ellos pudo haber, también, cierta confusión, aplicando a su mitología al– gunos detalles de la mitología de los yukpa que, efectivamente, hacen proceder a la primer mujer yukpa del tronco de un árbol. Nunca se dará la suficiente importancia al origen «familiar-comunitario» de los batí, tal como aparece en su mitología. Desde éste debe entenderse su concepción socioeconómica tal como la hemos examinado en la parte anterior de nuestro trabajo de campo. Interesante el mito de la tribu Tullischi del grupo Buba africano. Según él, su diós plantó una calabaza en la tierra; cuando la calabaza creció, maduró y se abrió en dos mitades y un hombre y una mujer salieron de ella (cf. S. F. NADEL, The Nuba, Londres 1947, 323). 218

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