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devotos? Los hijos amantes que tantas veces con– templaron sus dolores, que lloraron con Ella a los pies de la Cruz, que se esforzaron en consolarla con ofrendas, sacrificios y buenas obras, serán con– solados. EJEMPLOS.-!. Santa Isabel, Reina de Portugal, de la Tercera Orden de San Francisco, recibió siempre la consolación de la Virgen en las muchas pruebas que tuvo que sufrir. Ya sea durante el matr,monio, de cuyo marido ob– tuvo la conversión; ya durante su viudez por las gue– rras interiores y por otras causas, su vida fué una continua tribulación. Pero en medio de ellas acudía a la Consoladora Universal, María, y a la hora de la muerte mereció que se le apareciera y la invitara a las alegrías eternas del cielo. II. El Cardenal Wiseman, autor de Fabíola, el 31 de mayo de 1840 encontrándose en Roma en Monte Celio en el Convento de los Padres Pasionistas tuvo una profunda tribulación que le llevaba casi a la desespe– ración. De su cuerpo salió un sudor copioso, una llama le quemaba la sangre en las venas, le temblaban todos los miembros, una agonía atroz parecía que se le apro– ximaba. Se dirigió a la Virgen. María, Madre mía, jamás te he invocado en vano, arroja el aceite de la consolación sobre las olas agitadas que quieren hacer naufragar la navecilla de mi alma, calma la tempestad. Orando de este modo se durmió y le pareció tener un sueño o visión en la noche; se le representaba la Virgen que - 410 -

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