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a comulgar, y luego les exhortaba a rezar alguna ora– ción en obsequio de la Virgen. Luego les bendecía y les curaba. Después les recomendaba a ser siempre agradecidos a la Bienhechora, Salud de los enfermos. III. Santa Francisca Javier Cabrini, madre de los emigrantes italianos, tuvo una vez una visión muy sin– gular. Vió a la Virgen que andaba entre las camas de un Hospital, limpiando, socorriendo, ayudando a los eMermos. La Santa corrió para ayudarla. La Vir– gen la rechazó, diciendo: No, no hago yo lo que tú no quieres. La Cabrini comprendió el aviso. Luego abrió un hospital católico en Nueva York para los emigrantes italianos. Este episodio nos manifiesta el amor y la solicitud que María tiene por los ~nfermos. Súplicas.-Concédeme, Señor, por la gloriosa inter– cesión de María el favor de gozar perpetua salud de alma y de cuerpo, líbrame de la tristeza presente y dame a gozar la alegría eterna. Tú, María, eres como la probática piscina, quien se sumerge en ella con fe, será curado de cualquier en– fermedad. San Juan Damasceno pone en los labios de María esta invitación: "Yo grito a todos evangélicamente: cualquiera que desea la curación de sus enfermedades, la expulsión de los vicios del alma, la purificación de sus pecados, el alejamiento de las calamidades, el des– canso en el reino celestial que venga a mí con fe y reciba el don efi.cacisimo de la gracia (169). (169) Homil. in Dormit. B. M. V., pág. 96, 746. - 394 -
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