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convertir a los pecadores y sanar a los viciosos. Se dice que en Lourdes son mucho más numerosos los milagros invisibles de la gracia que los mila– gros visibles y constatados del cuerpo. Los médi– cos de las almas conocen más que los especialistas de las clínicas. Si la Virgen es sensible a las enfermedades del cuerpo, lo es mucho más a las enfermedades del alma. María, como Madre universal y compasiva con– cede a todos los enfermos de este valle de lágrimas la resignación, la fuerza, el consuelo y, si convie– ne, también la curación natural o milagrosa. Refiere San Juan Evangelista que había en Jeru– salén, junto a la puerta Probática, una piscina, lla– mada en hebreo Betzata, que tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, mancos, que esperaban el movimiento del agua, porque el ángel del Señor descendía de tiem– po en tiempo a la piscina y agitaba el agua, y el primero que bajaba, después de la agitación del agua, quedaba sano de cualquiera enfermedad que padeciese (168). Con las debidas analogías y reverencias podemos comparar a la Virgen Santísima como una evan- (168) /oann., V, 2-5. - 392 -
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