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mos, para que nos ilumine para conocer las veroa– des, nos ayude a amar los bienes verdaderos y nos cure de todas las enfermedades mentales. III. MARÍA, SALUD DE LAS ENFERMEDADES MORALES Las enfermedades del cuerpo suelen conducir a la muerte temporal, pero las del alma, a la muerte eterna. Nos deben preocupar mucho más las en– fermedades espirituales que las corporales; porque el alma es más noble que el cuerpo, y las consecuen– cias de la muerte eterna, más terribles que las de la muerte corporal. Las enfermedades espirituales proceden de la concupiscencia, de las pasiones, de los vicios, de los pecados veniales y mortales. Nuestras fiebres son la · avaricia, la ambición, la ira, la lujuria. ·¡ Cuántos cánceres en el alma que no se curan1 ¡ Cuántos ciegos de mente, heridos en el coraz6n1 ¡ Cuántos cubiertos de la lepra de los vicios! Las enfermedades espirituales son más numero– sas y perniciosas que las corpdrales. Como en los Santuarios de la Virgen se dan tantos milagros para curar las enfermedades del cu~rpo, también se conceden tantas gracias para - 391 -

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