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tempestad que se levantó cerca de las islas Azores, cayó de rodillas, invocó a la Estrella del Mar y le prometió cambiar de vida si le libraba del naufragio. Luchando entre la vida y la muerte en una tabla de salvación le encontró una nave americana y le sacó a bordo. El jo– ven se olvidó de la promesa y volvió al pecado. Pero la Virgen quiso completar su gracia. En el mes de mayo, consagrado a la Virgen, el joven disoluto se arrepintió, se confesó, abandonó el mundo y se retiró a la soledad a hacer penitencia de su escandalosa vida. ¡ Oh, cuán– tos hijos pródigos deben el arrepentimiento a la pro– tección de la Virgen, Madre del Redentor! Estrella de. la mañana, guía por buen camino a la juventud de nuestros días. Súplicas.-María apareció más bella en su nacimien– to que Adán y Eva; porque poseía una gracia más ele– vada. La gracia y las virtudes hicieron de ella una her– mosa ciudad, donde se recreaban las tres divinas Per– sonas. j Grandes cosas han sido dichas de ti, oh ciudad de Dios! (13). Más agradable fué al Señor la morada en la Virgen Inmaculada que en templo material de Jerusalén. Desde el primer uso de la razón hasta el último momento de su vida fué creciendo siempre en gracia y en amor. No podemos comprender el grado de belleza espiritual que tendría la Virgen Inmaculada en el momento que el Esposo Divino la llamó al eterno banquete nupcial. No te ocupes de la belleza material que desaparece con el tiempo; es una cosa efímera y sin valor para la eternidad. Procura la belleza espiritual de tu alma. Que (167) Ps., LXXXVI, 3. 384 -
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