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con el favor y la ayuda de :María podían subir fácil– mente y entrar en el· paraíso. · La visión significativa nos indica que no hay medio tan eficaz para la salvación como la sincera y constante devoción a .la Virgen. María es, pues, la mística escala por la cual Jesús descendió a los hombres y por la misma suben los hombres al cielo. U. San Juan José de la Cruz, fraile de San Francis– co, nació en lschia, cerca de Nápoles, el mismo día de la Asunción. Desde la infancia profesó una devoción es– pecial a la Virgen. En sus predicaciones y a sus peni– tentes recomendaba siempre recurrir a María. Ella os ayudará, os consolará, os defenderá, os librará, os con– solará en vuestras aflicciones. En su celda conservaba un cuadro de la Santísima Virgen, al cual se dirigía con frecuencia, fijaba en él sus ojos y con las manos juntas imploraba sus auxilios. Murió contemplando la imagen de su dulce Reina y Madre que con sonrisa. inefable le abrió las puertas del cielo. Súplicas.-¡Oh María!, tú eres la Puerta del cielo, en tus manos tienes las llaves del paraíso. Abreme, Madre mía, déjame entrar. ¡Oh, qué gozo entrar para siem– pre en el reino de los cielos! j Qué alegría contemplar toda aquella inmensa compañía! j Qué satisfacción po– seer a Dios por toda una eternidad! ¡ Qué gratitud para con todos los que han contrihuído a mi salvación! Te bendeciré y alabaré, Madre mía, por toda la eternidad; porque tus maternas misericordias me han salvado. Gracias sin cesar a la Madre de la santa esperanza, que en la hora de mi muerte me abrirá la Puerta del cielo.

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