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María. Por Ella y con Ella obraremos d oieri y ob– tendremos la santa perseverancia final. La liturgia saluda a María con el título: Felix coeli porta; Puerta feliz del cielo. Ninguno podrá entrar én él. sino entra primero por esta puerta. En el gran pa– lacio de la eternidad gloriosa ninguno podrá en– trar sin el permiso de la Reina, que es la Madre del Rey Supremo, Jesús. "Esta es la puerta del Señor ;los justos entrarán por ella" (150). Para llegar a la posesión del trono de gloria sempiterna, es necesario ir primero al trono de la gracia, que es María. Esta, como Me– dianera universal, nos obtendrá la gracia, que nos da el derecho a ser coherederos con Cristo. Reves– tidos con esta gracia santificante la Virgen nos re– conocerá por hijos de Dios e hijos espirituales su– yos y nos abrirá de par en par la puerta de la eter– nidad feliz. María, Puerta del cielo, ábreme. III. SIGNO DE ETERNA PREDESTINACIÓN Ninguno sin especial revelación de Dios puede estar cierto de su salvación eterna. Nadie sabe si es digno de amor o de odio (151). Debemos traba- (150) Ps., CXVII, 20. (151) Eccli., IX, l. - 366 .......

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