BCCCAP00000000000000000001104
mi vida, y en tu nombre alzaré mis manos. Mi aíma se saciará de medula y de grosura, y mi boca te cantará con labios jubilosos. Aún en mi lecho me acuerdo de tí; en tí pienso en las vigilias. Pues tú eres mi asilo, y salto de gozo a la sombra de tus alas. Mi alma está apegada a tí, y tu diestra me sostiene (138). Dios mío y Señor mío, en el templo de mi cora– zón te adoro, te bendigo, te alabo, te doy gracias, te ofrezco mi ser y mi obrar. Que mi pobre morada se asemeje, en lo posible, a la Casa de Oro de la Virgen Santísima. Madre mía, con vuestra materna solicitud prepara una digna habitación en mi alma, donde repose la San– tísima Trinidad. EJEMPLOS.-!. Sor María Bernadetta Soubirous, gravemente enferma, recibía un día a una hermosa niña que le pedía noticias sobre la Virgen. La niña se apro– ximó a la cama y le dij o : "Tía, dime, ¿has visto a la Virgen?" "Sí, cara, sí; la he visto." "¿Era muy hermo– sa?" La enferma, a esta pregunta, se transformó y con una voz inefable le respondió: "¡Oh cara niña!, era tan hermosa, que cuando se ha visto una vez se querría morir inmediatamente para verla perennemente en la eternidad." 11. En una iglesia de Roma una viejecita habiendo (138). Ps., LXIII, 2-9. - 350 -
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz