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dolor. Conserv6 su serenidad, su conformidad a la voluntad· divina. III. NosoTRos, TEMPLOS DE Dms También los hombres, que viven en gracia san– tificante, son templos de Dios. Las Tres Divinas Personas inhabitan en el alma del justo, hacen su morada en los corazones de los hombres. Sus deli– cias es estar con los hijos de los hombres. Para que Dios habite en nosotros y quede con– tento de nuestra hospitalidad, es necesario que nos– otros tengamos limpia esta casa, que la adorne– mos con el oro de las virtudes, que la decoremos según los gustos del Artista Divino. Nuestros corazones son casas de Dios, donde se ora, se ruega, se ofrecen sacrificios, oblaciones, ho– locaustos; donde se exhalan los perfumes de las virtudes y se alaban las magnificencias de Dios Altísimo. Señor, Tú eres mi Dios, a ti te busco solícito, sedienta de tí está ·mi alma, mi carne te desea, como tierra árida, sedienta, sin aguas. ¡ C6mo te contem– plaba en tu santuario, ponderando tu grandeza y tu gloria! Porque es tu misericordia mejor que la vida, y te alabarán mis labios. Así te bendecirá toda -·349 -
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