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hacemos los tabernáculos y los ostensorios de oro; los cálices, patenas y copones de oro. Muchas co– sas que sirven para el culto divino y para orna– mento del Dios vivo, que habita entre nosotros sacramentalmente, se hacen de oro purísimo o se revisten de oro por respeto a la divina Majestad oculta bajo los velos sacramentales. Con razón María Santísima viene comparada y llamada Casa de oro, Templo de Dios Altísimo, lleno de nobleza, de riqueza y de esplendor. II. MARÍA SANTÍSIMA, VERDADERA cAsA DE Dms Se lee en los Proverbios que la sabiduría se edi– ficó su casa (135). Habiendo Dios, desde la eter– nidad, determinado venir a este mundo y habitar entre nosotros (136), se eligió la casa en la cual ha– bía de habitar y se la preparó según sus gustos de modo que fuese una digna habitación de la divina Majestad. De. hecho María fué durante nueve me– ses la habitación del Verbo Encarnado que vino a redimir al mundo. La primera oferta de Sí mismo como Redentor del género humano la hizo en el seno inmaculado de María. (135) Prov., IX, l. (136) loann., I, 14. - 347-

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