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l. ESTIMACIÓN HUMANA DEL ORO Todas los hombres aman el oro. Por el oro se rige el mundo. Los hombres tienen hambre de oro. Con el oro se aquieren los alimentos, los vesti– dos, las cosas necesarias para la vida humana. Con el oro se construyen magníficas ciudades como Nínive, Babilonia, Tebas, Susa, Menfis, Es– parta, Jerusalén, Roma, etc. Para el culto divino se levantaron también tem– plos y altares. En el libro I de los Paralelipómenos se leen los preparativos que hizo David para la edificación del templo, las ofrendas que voluntaria– mente hizo el pueblo y la construcción que llevó a cabo su hijo Salomón en el monte Moría, de Je– rusalén, y el oro que empleó en los muros, en el altar, en los utensilios y en los ornamentos de la casa de Dios (133). "Nada había en el templo que no se cubriese de oro" (134). Para el culto de Dios y para las grandiosas cons– trucciones humanas se suele usar el oro como uno de los metales más preciosos. También nosotros (133) Lib. I, cap. XXVII-XXIX; Lib. II, cap. III-IV, OJ1¡ fil Reg., VI, 22.
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