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en la habitación. Vuestro marido, aunque poco religio– so, algunas veces se unía a vuestra oración, y esto le valió el perdón en el último momento. La señora en– contró la paz. "Yo que había rogado tanto por la con– versión de mi marido estaba inconsolable. Ahora estoy cierta de volverlo a ver en el cielo. Estoy curada." · Los devotos de María no deben abusar de la miseri– cordia de la Virgen, pero tampoco desconfiar de su protección hasta el último momento. María no olvida lo que en su honor se hace. "Quienes me exaltan obten– drán la vida eterna." Súplicas.-¡Oh María Inmaculada! ¡Torre de marfil, Madre de la santa Esperanza!, obtiéneme de Jesús la gracia de esta virtud consoladora, de no faltar ni por exceso ni por defecto. Que no presuma de mis méritos ni desespere de las misericordias divinas. Ayúdame a conocer y practicar esta virtud. ¡Oh María!, vida, dul– zura y esperanza nuestra, dígnate interceder por nos– otros ante el trono de Dios, para que abundemos más y más en la esperanza por la virtud del Espíritu Santo. Madre mía, dame esperanza en mis oraciones para que Dios las oiga por tu inte,cesión. Dame esperanza en las contradicciones, en las adversidades, en los aban– donos, en las incomprensiones, en las humillaciones, en los desprecios... Dame esperanza en la vida y en la hora de mi muerte. Madre de la santa esperanza, sál– vame. ¡Oh María, Madre de esperanza! ¡Cómo se imin– da mi corazón de consuelo al saludarte con este nom– bre! Recibe con piedad materna mis obsequios y mis plegarias, y sé propicia en toda mi tribulación y nece– sidad, tanto espiritual como material. Bajo tu custodia -342-
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