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III. NUESTRA ESPERANZA EN MARÍA María tuvo un motivo especial de esperanza fun– dado en su divina Maternidad. Ciertamente que este motivo no se puede dar en nosotros, pero sí otro motivo análogo en la maternidad espiritual. Nos. refiere San Mateo que estando Jesús hablando a las turbas he aquí que su madre y sus hermanos estaban fuera, buscando c6mo hablarle. Díjole uno: "Sabes que tu madre y tus hermanos están fuera buscando c6mo hablarte". El, respondiendo, dijo al que le hablaba: ¿ Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo sus manos a sus discípulos, dijo: "He aquí mi madre y mis her– manos: Porque quien hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, éste es mi hermano y hermana y mi madre" (129). Por tanto, el motivo de nuestra esperanza está en la .fe, en las obras y en el cumplimiento de la voluntad de Dios. "El que hará la voluntad de mi Padre celestial, entra– rá en el reino de los cielos", dijo Jesús (130). Nuestra esperanza debe fundarse en la bondad (129) Matt., XII, 46-50. (130) Matt., VII, 21.
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