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sómós peregrinos en este mundo, que somos nave– gantes por el proceloso mar de la vida hacia las playas de la eternidad. Que .este mundo es un valle de lágrimas. El dolor nos rodea y penetra por todas partes. "No _tenemos aquí mansi6n per~ manente; sino que andamos en busca de la fu– tura" (127). Con la virtud de la esperanza nos desprendemos de las cosas vanas y efímeras de este mundo. Todo es ilusi6n y vanidad. "Vanitas vanitatum et omnia vanitas" (128). Vanidades que se disipan a la hora de la muerte. Una sola cosa es necesaria: salvarse. Esta influencia de la esperanza se nota también en las ·all}arguras de la vida, en las enfermedades, en las tribulaciones, en los trabajos, en los períodos · de aflicci6n. Todo termina en este mundo, s6lb la eternidad no terminará jamás. II. LAS ESPERANZAS D:E MARÍA En María resplandecieron todas las virtudes. No podía faltar la virtud de la esperanza. Resplandece la esperanza en la venida del Mesías, anunciado (12,) 1-Iebr., XIII, 14. (128) Ecc!i., XII, 8. - 337 -

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