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miento hacia Dios. Incluye la caridad; porqué no se desea lo que no se ama. Es un amor interesado, pero no vicioso; porque Dios queriendo su gloria, quiere también nuestra felicidad. La expectación de los justos causa alegría, mas la esperanza de los malvados perecerá (125). San Pablo escribió a su discípulo Timoteo: "Todo lo sufro por los escogi– dos, para que también ellos alcancen la salud que se halla en Cristo Jesús con la gloria eterna. Digna es de fe esta palabra. Pues si con El morimos, tam– bién con El viviremos; si constantemente sufrimos, también con El reinaremos; si le negamos, tam– bién El nos negará; si somos infieles, El permanece fiel, puesto que no puede desmentirse a sí mis– mos" (126). Es también un deseo sobrenatural de los medios eficaces: la gracia y las buenas obras. Sin la gracia santificante imposible es la salvación. La gracia de Dios es indispensable para entrar en el reino de los cielos. Sin las buenas obras, ningún adulto puede obtener la felicidad. Es necesario colaborar con Dios para salvarnos. La virtud de la esperanza es especulativa y práctica. Debe ejercer un verdadero influjo en la conducta de la vida. Sus frutos.-La esperanza nos hace sentir que (125) Pl'ov., X, 28. (126) 11 Tim., II, 10-13. -- 336 -
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