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I. MARÍA, ToRRE DE DAVID En el libro II de Samuel (122) se narra cómo Da– vid reinó sobre todo Israel, venció a los jebuseos y se apoderó de la fortaleza de Sión. Estableció su residencia en la fortaleza, y la llamó ciudad de Da– vid, y edificó en derredor, desde el terraplén para dentro. David iba creciendo en poder cada vez más, y Yavé, Dios Sebaot, estaba con él. Hirán, rey de Tiro, envió a David una embajada y maderas de cedro, carpinteros, que edificaron la casa de Da– vid (123). La ciudad estaba orgullosa de esta cons– trucción, y era una señal de seguridad contra los enemigos del pueblo de Dios. Lª Virgen Santísima, descendiente de los anti– guos reyes de Judá, viene comparada con la To– rre de David; porque en Ella habitó el Verbo En– carnado, su Hijo, y, al mismo tiempo, Señor de David. Si David in spiritu vocat eum Dominum, quomodo filius eius est? (124). (122) Cap. V. (123) lI Sam., V, 9-11. (124) Matt., XXII, 45. - 326 -
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