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de que todas las almas gusten de los efluvios que emanan de esta Rosa Mística. EJEMPLO.-San Ludovico de Anjou, Fraile Menor y Obispo descendiente de familia real, renunció a todas las grandezas del mundo y desde su niñez fué a la es– cuela de María y aprendió a ser un modelo de pureza y de caridad. El Señor quiso demostrarlo a la hora de su muerte con un prodigio. Apenas había dado el úl– timo suspiro una rosa de hermosura maravillosa apa– reció entre sus labios entreabiertos. Al mismo tiempo, un religioso presente vió su alma que se elevaba hacia el cielo acompañada de una multitud de Angeles que cantaban. Así son honrados los que sirvieron a Dios en la inocencia y en la pureza. Súplicas.-Es tu nombre ungüento derramado, por eso te aman las doncellas. Llévanos tras de ti, corra– mos (15). ¡Oh María, Rosa Mística, llévame a tu jar– dín de delicias! Dame a gustar de tus flores perfuma– das. Que yo aspire los suaves aromas que exhalan por el ambiente. Que yo copie las virtudes que represen– tan. Particularmente la caridad simbolizada en la Rosa. Así como ésta es la reina de las flores, así también la caridad es la reina de las virtudes. Como la Rosa irra– dia suaves aromas, así la caridad cautiva, deleita y atrae. Haz, María, que yo sea una Rosa Mística de amor y de unión para con Dios y el prójimo. Que la miseri– cordia del Señor me eleve por los grados de una ver– dadera caridad a las sublimes ascensiones del espíritu. (121) Cant., I, 3-4.
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