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Dios, sentida y gustada de modo inefable y so re– humano. Si son fieles y generosas, Dios las irá eleva do progresivamente hasta llegar o pasar los gr dos de uni6n transformante. En esas ascensiones místicas, el Esposo divino es– trecha siempre más los lazos de la uni6n y de la transformaci6n. La actividad apost6lica no es incompatible con la vida contemplativa o mística. Entre las almas apos– t61icas y misioneras han existido místicos de ele– vada contemplaci6n, como San Francisco Javier, el Padre Serafín de Le6n, Capuchino, misionero en el Congo, que pasaba largos ratos en elevados éxtasis. Muchas almas que se encuentran en los monas– terios o conventos de vida contemplativa son ver– daderas Rosas Místicas que exhalan sus perfumes en el Jardín de la Iglesia. Con sus oraciones y sa– crificios cooperan a la propagaci6n del Reino de Dios por toda la tierra. · Lo que amamos deseamos darlo a conocer a otros. El amor es difusivo. Los que caminamos por las sendas de la verdad y por las vías de la caridad, tengamos siempre por modelo a Ma.ría y difunda– mos su culto y dev;oci6n por toda la tierra, a fin ~ ni _,,
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