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sas e inútiles en la Iglesia. Son focos ardientes de caridad que irradian sus rayos por todo el mundo. En su amor ardiente a Dios y a las almas es donde alimentaron su celo universal todos los santos. Nin– gún cristiano, ningún religioso, ninguna religiosa, ningún sacerdote debe descansar en la Iglesia de Cristo mientras haya un solo infiel o un solo peca– dor sobre la tierra. Ver ofender a Dios y perderse las almas, son dos cosas insoportables y que hacen sangrar el coraz6n del hijo de Dios que verdadera– mente le ama. Si María fué la Rosa Mística que amó intensa– mente a Dios, fué también la que irradió su amor a los hombres redimidos con la sangre de su Hijo. j Sigamos sus huellas! III.. AscENSIONES MÍSTICAS Después que las almas están purificadas y des– prendidas de las cosas de este mundo; después que se han ido consolidando en ellas las virtudes teo, logales y morales, echando profundas raíces de humildad, sumisión y docilidad, Dios suele elevar– las a los estados místicos. En estos estados de mística contemplación, las almas se sienten penetradas por la presencia de - 320 -
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