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Juntamente con la gracia santificante, el alma debe poseer las virtudes teologales y morales. Para la contemplaci6n infusa y sobrenatural se requieren los dones del Espíritu Santo, particular– mente el don de entendimiento, de sabiduría y de piedad; La Rosa es el símbolo de la caridad. Esta es la que une y eleva a las almas. El amor es una llama que irradia. Por esto, la perfecta caridad no se concibe sin celo. Cualquiera que sea el aspecto bajo . el cual se la considere el celo no es más que conse– cuencia, prolongaci6n y floraci6n de la caridad de Cristo. Jesús, antes de confiar a San Pedro el gobierno de la Iglesia, le pregunta por tres veces si le ama– ba, y ante las respuestas afirmativas del discípulo, el Salvador añade: "Apacienta mis corderos, apa– cienta mis ovejas." El apostolado es un corolario del amor de Dios. La caridad no es un- sentimiento plat6nico, es una fuente de actividad. El gran clamor del Crucificado ha atravesado ' los siglos y resuena siempre en las almas ardientes. ¡Sitio! ¡Tengo sed! Tengo sed, sed de amor, sed de almas, sed de conquista universal: .. El alma religiosa, el alma contemplativa, el alma de oraci6n no son estériles, no son personas ocio- ;_ 31~ -

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