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hizo· una profecía fatídica, qúe se verificará ·má~ tarde sobre el G6lgota. El venerable anciano, a pe– sar del gozo que experimenta al tener la dicha de ver al Redentor y de estrecharle entre sus brazos, iluminado por el espíritu profético, exclama: "He aquí que [este niño] está puesto para caída y re– surgimiento de muchos en Israel, y como señal a quien se contradice, y a ti misma una espada te traspasará el alma. Este oráculo se cumplirá cuan– do María, al pie de la cruz, contemple a la divina Víctima que se inmola en el G6lgota por la reden~ ci6n del mundo." María, desde aquel momento, acepta el sacrificio de su Hijo·y de sí misma. El do– lor traspasará su alma. Comprende María que Je– sús será objeto, de contradici9n, de persecuci6n, de ignominia, el Varón de dolores. El corazón de la Madre, por una parte, se inunda de gozo al ver la salvación de tantas almas rescatadas con la Sangre de la divina Víctima; por otra, se llena de tristeza y amargura al considerar que otras voluntariamen– te se perderán 'y no se aprovecharán de los tesoros inefables de la Pasión copiosa del Redentor. María, como en el momento de la Anunciaci6n, <lió su consentimiento para la obra redentora de Jesús, también ahora en su corazón materno lo repite y lo acepta con generosidad para el bien de todos los creyentes. - 309-
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