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gélico dice que el Espíritu Santo estaba sobre él. El Espíritu Santo le favorecía por su inhabitaci6n, por sus revelaciones y por sus divinas mociones. Impulsado a ir al templo para cumplir con sus prescripciones usuales, se encoritr6 con los Padres de Jesús, que introducieron al Niño. Sime6n le re– cibi6 en sus brazos y cant6 el himno Nunc dimittis. ¡ Qué gozo no experimentaría al ver cumplidos sus deseos, realizada la revelaci6n del' Señor! ¡ Qué alegría y regocijo al abrazar a Jesús, contemplarle, acariciarle... ! ¡ Qué actos de agradecimiento, de amor, de complacencia... ! Considera, alma cristiana, que tú en la comuni6n eucarística no s6lo recibes a Jesús en tus brazos, le recibes en tu pecho, le llevas dentro de ti mismo, se une sacramentalmente contigo, habita en ti; Contempla el tesoro que llevas, custodia, sirve y ama al divino Niño que te entrega el sacerdote. Háblale con ternura, acaríciale con amor, sírvele con diligencia... Practica la justicia como el anciano Sime6n, con– serva el santo temor de Dios, camina según las ins– piraciones del Espíritu Santo y las mociones de su gracia, para que espiritualmente recibas a Jesús dentro de ti. Si perseveras en la justicia y en el te– mor de Dios, si le recibes frecuentemente en tu (;Oraz6n en la comuni6n, al fin de tus dfas; al tér- - 307 ......

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