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ble es la humildad ante Dios y los hombres, tanto más detestable es la soberbia de los hombres. Aprendamos de Jesús y María a ser humildes de corazón, sencillos como las palomas. c) De pobreza.-El Levítico (117) ordenaba la ofrenda de un cordero añal para holocausto, y un pichón o una tórtola en sacrificio por el pecado. Si la familia es pobré bastan dos tórtolas y pichon– citos. Evidentemente que la Sagrada Familia apa– rece como pobre sin avergonzarse de ser conside– rada como tal. Desde la cuna al sepulcro, nos da ejemplo de pobreza y desprendimiento de las cosas terrenas y caducas. III. ENCUENTRO coN SrMEÓN Y ANA PROFETISA l. El anciano Simeón.-Había en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, que esperaba la consolación de Israel, es decir, la salud mesiánica universal y espiritual, no nacional y carnal como la que esperaban algunos judíos. El Espíritu Santo le había revelado que no moriría antes de ver al Ungido del Señor. El texto evan- (117) XII, 6. - 306-
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