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El, Sime6n le recibi6 en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora dejas ir a tu siervo, Señor, según tu palabra, en paz; pues ya vieron mis ojos tu salud, que preparaste a la faz de todos los pueblos; luz para iluminación de los gentiles y gloria de tu pueblo, Israel. · Y el padre y la madre del niño estaban maravi– llados de las cosas que se decían de él. Y les ben– dijo Sime6n, y dijo a María, su madre: "He. aquí que éste está puesto para caída y resurgimiento de muchos en Israel, y como señal a quien se con– tradice-y a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que salgan a luz de muchos corazo– nes los pensamientos." Había también una profetisa, Ana, hija de Fa– nuel ,de la tribu de Aser, que era de edad muy avánzada. Habiendo vivido con su marido siete años desde que se casó, y quedando viuda, había llegado hasta los ochenta y cuatro años. La cual no se apartaba del templo, sirviendo a Dios en ayunos y oraciones noche y día. Y a la misma hora, so– breviniendo, alababa también a Dios y, hablaba de El a todos los que esperaban la redención de Is– rael" (110). (110) Lüc,; II, 23-.58• ...._ 299""""

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