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I. VIAJE DE BELÉN A JERUSALÉN Narración evangélica.-El evangelista San Lu– cas nos narra sucintamente las escenas de este mis– terio. Por esto, creemos conveniente poner aquí la misma narración evangélica. "Y llegado el tiem– po de la purificación, según la ley de Moisés (107), le subieron a Jerusalén para presentarle al Señor, según está escrito en la Ley del Señor, que todo primogénito del sexo masculino será consagrado al Señor (108), y para ofrecer como sacrificio, se– gún lo que se ordenaba en la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos palominos" (109). Y he aquí que había un hombre en Jerusalén, por nombre Simeón. Y era este hombre justo y te– meroso de Dios, que aguardaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él; y le ha– bía sido revelado por el Espíritu Santo que no ve– ría la muerte ante de ver al Ungido del Señor. Y vino al templo impulsado por el Espíritu. Y cuan– do sus padres introducían al Niño Jesús para cum– plir las prescripciones usuales de la Ley tocantes a (107) Lev ., 12, 6. (108) Es., 12, 2; 12, 15. (109) Lev., 12, 8; 5, 11. - 298 -
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