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''Mi alma magnifica al Señor y salta de júbilo mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mi• rado la humildad de su sierva; por eso todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso, cuyo nom– bre es santo. Su misericordia es de generación en generación sobre los que le temen. Desplegó el poder de su brazo y dispersó a los que se engríen con los pensamientos de su corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y ensalzó a los humildes. A los hambrientbs los llenó de bienes, y a los ricos los despidió vacíos. Acogió a Israel, su siervo, acor• dándose de su misericordia. Según había prometido a sus padres, a Abraham y a su descendencia para siempre" (100). Este admirable cántico lo repite todos los días la Iglesia a las Vísperas. Es sublime como los labios que le pronunciaron. Este breve, pero grandioso poema se puede dividir en tres partes principales. En la primera parte, que comprende los cinco primeros versículos (46.50), magnífica al Señor que por su misericordia, potencia y santidad ha obrado en Ella tantas cosas y la ha ensalzado tanto que todas las generaciones la llamarán bienaventurada. Dios ha fijado su mirada en la humilde hija de (100) Luc.., I, 47-55. - 286 -

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