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ñaba? No se sabe de cierto. Unos suponen que San José, con el cual estaba ya desposada. Otros creen que algún pariente o conocido que hiciera el viaje a Jerusalén. De todos modos, bien podemos suponer que, por lo menos, invisiblemente iría acompañada de un coro de ingdes. Admira la prontitud de María en seguir la ins– piración del Espíritu Santo y la diligencia en cum– plir la misión de la Divina Providencia. No obs– tante las dificultades que ofrecía el viaje, deja la morada tranquila y serena de Nazaret y parte ;1 donde Dios la quería. Atravesó María regiones y localidades que se ha– llan entre Nazaret y Ain Karim. Pasaría por la llanura de Esdrelón, los montes de Judá, cuyos ár– boles empezaban a echar sus delicados brotes. Re– cordaría y pensaría en tantos recuerdos bíblicos ín– timamente unidos con el fruto que llevaba en su seno, como Dotain, Siquem, Bethel y otros. ¿ Cuál es la ciudad montañosa de Judá in civi– tate Juda? Hay muchas opiniones para la más ve– rosímil es que la de Ain Karim, como lugar de la casa de Zacarías y donde nació San Juan Bautista. Nada sabemos del tiempo que empleó, si fué a · pie o en caballería, sola o acompañada. Camina tú por el recto sendero que te conduce a los destinos de la Providencia; ejecuta con dili- - 284...;.,..

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