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impiden o retardan la consagración completa y absoluta al servicio de Dios solo. 3. María nos enseña la perseverancia.-María perseveró siempre en la inmolación completa de sí misma y toda su vida vivió para EL Cambiaron las condiciones soci;iles y las circunstancias exte– riores de su vida, pero su dedicación perfecta a Dios perseveró hasta el último momento y siem– pre aumentando en el amor. En los momentos de fervor, cuando Dios mue– ve la navecilla del alma con sus dones, cuan– do todo sucede prósperamente y sin dificul– tades, persevera en su servicio. Pero cuando arre– cian las tempestades, cuando soplan vientos con– trarios, cuando Dios prueba por el dolor, Ia deso– lación, las tentaciones, las arideces de espíritu, las mil y mil dificultades que se encuentran en la vida espiritual, entonces se cansa, se queja, se des– alienta y no pocas veces lo deja todo y se desespera. Falta la perseverancia, la diligencia, la energía y fortaleza para seguir adelante cueste lo que cueste. Ad lucem per crucem. Hay que tener presente que a la luz no se llega sino por la cruz. La sentencia de Cris_to es infalible: El que quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz todos los días, y sígame. - 278--"'-
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