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plo. Los poetas y los pintores han representado este dulce episodio en la vida de María. Los críticos modernos, quizá demasiado radicales, le ponen en duda y miran con un cierto descrédito la realidad del hecho. Sin dejarnos llevar de una credulidad ciega y sentimental, ni de los excesos de la hiper– crítica, podemos con fundamento afirmar la reali– dad histórica de la Presentación. Cierto que en los libros auténticos no se narra el hecho, pero ya en el Protoevangelio de Santiago, escrito por un cristiano hacia la mitad del siglo n, se habla de la Presentación de María en el templo. En el siglo 1v tenemos el testimonio de San Gre– gorio Nacianceno, y en el v el de San Teodoro de Ancira, y después una serie interminable de Pa– dres y Escritores eclesiásticos que defienden la exis– tencia de este episodio (91). Una tradición no in– terrumpida desde el siglo u nos da un fundamento sólido para admitir la existencia real de la Presen– tación. Esta verdad está llena de conveniencias con los destinos de María. L Ninguna criatura como María ha sido, ni será jamás, más consagrada a Dios en virtud de su predestinación a ser Madre de Dios. (91) Cfr. G. RoscHINJ, Vida de María, págs. 65-67. - 272 -

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