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las angustias y contrariedades ponen en Ella su esperanza. Es la :Estrella del mar que les guía, es el faro que les indica el puerto, es la Maestra que le enseña, es suave bálsamo qu mitiga todas sus penas. III. CÓMO DEBE SER NUESTRA ALEGRÍA Nuestra alegría no debe ser mundana como las de paganos o malos cristianos que sólo se alegran en los placeres y satisfacciones de las pasiones. Tampoco debe concretarse sólo a las cosas hones– tas materiales o intelectuales en el mero campo fi– losófico. Debe ser evangélica. La alegría que procede del orden, de la observancia de las leyes, de la buena conducta. La alegría de tener la fe y pertenecer a la Iglesia de Dios, ser miembros del Cuerpo mís– tico .de Cristo, hijos de Dios, herederos del reino de los cielos y coherederos con Cristo, predestina– dos a una felicidad eterna. Debe ser serena, tranquila, ecuánime, suave, dul– ce, atractiva, sin exageraciones. No dejarse llevar de las alternativas de la vida, ni de los cambios in– esperados, ni de las adversidades, ni de las amar– guras de la vida. La paz y serenidad del alma, la alegría constante, integral, sincera suponen much9 .._ 2~7 _..
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