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dominio propio. No dejarse impresionar por cual– quier suceso; tener siempre dominio sobre los pro– pios nervios. No se debe confundir la alegría ra– zonable, cristiana y sobrenatural con la insensibi– lidad de los estoicos. La alegría en las adversidades que procede de la conformidad a la voluntad de Dios, no excluye el dolor ni el sentimiento. El hom– bre con la voluntad firme, el dominio de sí mismo y la gracia de Dios permanece tranquilo y si:reno. Nada le espanta, solo Dios le basta. El dolor es universal. Quiérase o no, todos tene– mos que sufrir. La cruz pesa sobre todos de una manera u otra, llámese como se quiera. Si se le con– sidera como una cosa humana o un castigo aplas– tante, tortura y hasta hace llorar. Si se le considera cristianamente y místicamente eleva, santifica, bea– tifica y alegra. San Francisco solía decir: "Es tanta la gloria que espero, que en toda pena me deleito." EJEMPLOS.-San Francisco de Asís, devotísimo de María, fué el juglar de Dios que exhortaba a todos los seres a cantar las divinas alabanzas. El Beato Crispín de Viterbo, capuchino, se la cono– cía con el nombre de el Santo Alegre. Amaba tierna– mente a la Virgen, que la presentaba a Jesús visible– mente, para que le acariciase. Con frecuencia exclama: "¡ Madre mía, Madre mía!", y cantaba el Ave maris stella y el Regina coeli. Semejantes ejemplos encontramos en las vidas de muchos santos, especialmente de las Ordenes y Familias - 268 -
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