BCCCAP00000000000000000001104
ción de sus mi:sterios. Las consolaciones del Espí~ ritu Santo penetran e inundan a las almas de una alegría que supera todo sentido y que el mundo no puede dar. Dice San Pablo que Dios ama al que da con. alegría (88). Escribe a los de Corinto sobre los consuelos de Dios: "Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos consolar nosotros a todos los atribulados -con el consuelo con que nosotros mismos so– mos consolados por Dios. Porque así como abun– dan en nosotros los padecimientos de Cristo, así por Cristo abunda nuestra tribulación (89). A los Filipenses recomienda la alegría: "Alegraos siem– pre en el Señor, de nuevo os digo alegraos" (90). San Francisco de Asís fué profundamente humilde y extraordinariamente austero; y, sin embargo, un santo lleno de alegría, juglar de Dios, cantor de la naturaleza. II. MARÍA, CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA Los misterios de su vida son causa de alegría. Su Concepción Inmaculada nos da el consuelo de (88) ll Cor., IX, 7. (89) !bid,; I, 3-5. (90) Phil., IV, 4. -- 265-·
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz