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de?" (37). Agradó al Señor que Salomón le hiciera esta petición y le concedió lo que pidió. Este episodio nos debe inspirar a nosotros para pedir a María, Trono de la Sabiduría, la verdadera ciencia que santifica y que salva; la verdadera ciencia con la cual el hombre y el sacerdote sabe gobernarse a sí mismo, al prójimo, a las almas y a los pueblos. Súplicas.-¡ Oh María!, no permitas que nos deje– mos engañar de la vana ciencia del mundo. Concédenos aquella verdadera sabiduría que procede del Padre de las luces. El Apóstol Santiago escribe: Quien tenga necesidad de la sabiduría, se la pida al Señor (38). Yo, que soy tan ignorante en todo, principalmente en la ciencia de los Santos, te pido, Madre, que por tu inter– cesión me obtengas la ciencia abundante y copiosa para cumplir con todos mis deberes, para ejercer santa y perfectamente los ministerios sacerdotales, para glorifi– car a la Iglesia y hacer bien a las almas, para todos los fines buenos y honestos. Sedes Sapientiae, ora pro nobis. Dame ciencia para conocer las divinas Escrituras y para gustar las ver– dades sobrenaturales. Dame la ciencia que humilla, no la que enorgullece. Dame la ciencia de los Santos y Do;;tores de la Iglesia. ¡ Oh María!, obtenednos de Vuestro Hijo, Sabiduría Eterna de Dios, una abundante participación de la sa– biduría celestial que en Ti resplandeció tan admirable– mente, a fin de que podamos conseguir la paz, o sea la tranquilidad del orden, que es su fruto natural. .. Pro Cristo Nuestro Señor. (86) I RNyes, III, 4-9. - 260 -
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