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entiende todas las cosas, y me guiará prudente– mente en mis obras, y me guardará en su esplen– dor. Y mis obras te serán aceptas y regiré tu pue– blo en justicia y seré digno del trono de mi pa– dre ... ¿ Quién conoci6 tu consejo, si tú no le diste la sabiduría y enviaste de lo alto el Espíritu San– to? Así es como se han enderezado los caminos de los que moran sobre la tierra, los hombres supie– ron lo que te es grato, y por la sabiduría fueron salvos" (84). Aspiremos y pidamos la verdadera sabiduría a Dios por medio de María. Por la sabiduría cono– ceremos los caminos de Dios, las cosas que son con– formes a su voluntad, lo que le agrada y desagrada, lo que quiere y detesta, lo que nos exige para su serv1c10. Busquemos la sabiduría de los santos que edi– fica; aborrezcamos la falsa sabiduría de los sober– bios, que destruye. La Iglesia aplica a María las siguientes palabras: "Oídme, hijos míos; bienaventurado el que sigue mis caminos. Atended al consejo y sed sabios y no lo menospreciéis. Bienaventurado quien me escu– cha, y vela a mi puerta cada día, y es asiduo en el umbral de mis entradas. Porque el que me halla (84) Sap., IX, 1-18. - 258 -
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