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III. 'EL HOMBRE DÉBE' ASl.'IRAR y ,PROCPRAR , LA VEIU>ADE~ SA,BIDURIA . Salom6n fué un enamorado de la sabiduría· (79). Narr6 admirablemente sus propiedades (80) y las riquezas incontables que contiene (81). La ·sabi– duría gui6 a los Patriarcas (82), lo mismo que a Moisés y a Israel (83). En el- mismo Libro de la Sabiduría se encuentra la oraci6n de Salom6n para alcanzar la sabiduría. "Dios de los padres y Señor de la misericordia, que con tu palabra hiciste todas las cosas. Y en tu sa~ b1duría :formaste al hombre para que dominase tus criaturas, y para regir el mundo ·con santidad y justicia y para administrar justicia con rectitud de coraz6n: Dame la sabiduría asistente de .tu trono y no me excluyas del número de tus siervos ... Mán– dala de tus santos cielos, envíala de tu trono de gloria para que me asista en mis trabajos y venga yo a saberlo que te es grato. Porque ell~ copoce y (79) Sap., VII, 22 y sgs, (80) Id., VII, 22 y sgs. (81) Id., VIII, 1 y sgs. (82) Id., X, 1-14. (8~) ld, 1 X, 15-21.

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