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to era también del número de los invitados. Viendo al opresor de la viuda dijo en presencia de todos: "Ma– jestad, si me concedéis obrar en contra de los que oprimen a las ~-iudas, cumpliré mi promesa; pero si los admitís como amigos a vuestra mesa, yo renuncio a mi cargo. Si yo fuese el reo, échame fuera." A estas palabras, el Prefecto ordenó fuese al tribunal y pro– bado el delito, se le azotase con varas, y después con– ducido sobre un borrico por la ciudad, y luego se le secuestrasen todos sus bienes. Al término de un mes todos aquelloc abusos habían terminado. 11. Un joven estudiante poco a poco fué abandonan– do las prácticas religiosas y se hizo perverso, hasta que un buen día le metieron en la cárcel de Coblenza. La infeliz madre, viuda, lloraba amargamente. Gravemen– te enferma pidió que la dejaran ver a su hijo. Acom– pañado de la guardia le llevaron a casa de la madre, donde yacía ya casi moribunda. No hizo más que dar– le una mirada severa y penetrante. El joven volvió a la cárcel al parecer sin conmoción, pero él no podía olvi– darse de la mirada de su madre. j Dios mío!, si la mi– rada de mi buena madre me ha hecho tanta impresión, que no puedo olvidarme, ¿ qué será cuando me presen– te delante del Supremo Juez de vivos y muertos? Bas– ta. Es tiempo de t~rminar con esta vida. Se arrepentió, se hizo jesuít;, y después fué misionero. Este se llamó el Padre Stasslacher, alemán, que lo contaba de sí mismo desde el púlpito. Súplicas.--Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, es decir, cti perfección y de santidad. Dios saciará sus ardientes deseos. La justicia les lle– pará de paz y de consolación, porque el fruto de la r--24)3 -

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