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Quererlo de verdad, hermana mía." Aquí está el secre– to. Tener una voluntad fuerte, perseverante, fiel en las resoluciones y en los propósitos. Basta decir: Y o lo quiero. Quiero ser santo, cueste lo que cueste. Reso· lución firme, inquebrantable. Querer es poder. II. Teófano Venard, desde el Seminario diocesano escribía a su padre: "Padre: quiero entrar en el Semi– nario de Misiones Extranjeras de París para ser mi– sionero." Un amigo de su padre le escribió recomen– dando la vocación de su hijo. El padre le contestó: "Y o no me opongo a la vocación de mi hijo." ¿, Cómo se cumpliría la profecía de Jesús, que anuncia que el Evan– gelio será predicado por todo el mundo, si los padres nos oponemos a las vocaciones de nuestros hijos? ¡Ay de los que son llamados por Jesús y se dejan llevar de las corrientes del mundo y del amor desorde– nado a la familia y a la patria chica! ¡Ay de las espe– ranzas defraudadas y de las vocaciones perdidas por falta de fidelidad! Súplicas.-Señor, haz que yo siga mi vocac10n; que corresponda a tus gracias e inspiraciones; que no me haga sordo a tus llamamientos; que no sea infiel a mis compromisos. Dame la fidelidad a mis promesas de cristiano, de religioso, de sacerdote, de misionero. Delante de Dios, de la Iglesia, de los Angeles y de los hombre~ hice acto público, irrevocable, solemne de ser y permanecer hasta la muerte religioso. Mi alma prometió ser fiel esposa de Jesús hasta la muerte. Ma– ría, Virgen fiel, dame perseverancia en el cumplimien– to de mis promesas y de mis votos hasta el último mo 0 mento de vida.
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