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a los padres. Algunos dicen que eran solamente esponsales, no verdadero contrato matrimonial, pero entre los hebreos te11ía el mismo valor. María y José eran dos almas que se armonizaban admirablemente, preparadas por Dios desde toda la eternidad con predilección especial para encon– trarse en el tiempo y convivir mutuamente. Seme– jantes en las cualidades físicas, en la categoría so– cial, en la sal_ltidad de vida, en las virtudes y en las aspiraciones. Estas lógicas suposicio11es a priori encuentran confirmación en las palabras del Evan– gelio que llama justo a José. fusto quiere decir, en este lugar, adornado de la santidad. La Divina Providencia dispone todas las cosas con peso y medida. Con sabiduría dió por compa– ñero inseparable a María, durante la mayor parte de la vida de Jesús, al patriarca San José, proce– dente, como Ella, de la estirpe de David. Quiso Dios que fuera el custodio de la virgini– dad de la Madre y del Hijo. Ejerció el oficio de Jefe y Cabeza de la Sagrada Familia, Esposo real de la Virgen y Padre Putativo de Jesús. José fué custodio de aquellos dos t_esoros con todo el amor que le fué posible. Con heroica fidelidad no obstante los obstáculos que se opu'sieron: las dudas, las incertidumbres, las persecuciones, los trabajos, las contrariedades. - 233 -

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