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que en una sola persona se honrase la virginidad y el matrimonio. No han faltado autores que, no pudiendo conci– liar las dos cosas, han negado el verdadero matri– monio, pero éste está claro en la Escritura. San Ma– teo dice: f oseph autem vir eius (69). Cesaron las dudas de José cuando el ángel le tranquilizó y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu mujer, pues lo que se engendró en Ella es del Espíritu Santo" (70). Toda la tradición católica ha juzgado verdadero y real el matrimo– nio entre José y María. Para conciliado con la vir– ginidad, basta distinguir entre el matrimonio y el uso del matrimonio. Una cosa es conferir los dere– chos y otra usar de ellos. Este mismo fenómeno se verificó en algunos santos, como en San Marciano y Santa Pulquería, San Enrique y Santa Conegun– da, San Eleceario y su esposa Delfina. La Provi– dencia divina fué disponiendo de manera tan ad– mirable las cosas, que en nada se ofuscase su vir– ginidad. Cómo se desposaron.-Establecido el tiempo por los parientes, el matrimonio se verificó como era costumbre entre los hebreos. Al principio, la elección de los futuros esposos pertenecía mái bien (69) 114att., L 19. (70) Matt., I, 20.

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