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sus manos, pero confiado en María prosiguió su camino sin ser observado por ellos. Llegado a Treviso fué a postrarse delante de la imagen r\~ María, cumpliendo su voto y dejando allí los instrumentos de su suplicio. Desde aquel día tomó a María por Madre protectora y clementísima, y en memoria de los beneficios recibi– dos, propuso rezar su Oficio, exhortando a todos, espe– cialmente a los huérfanos a reverenciar a esta clemen– tísima Reina y recitar la Salve Regina. Murió santa– mente el 8 de febrero de 1537. Cuántos ejemplos se– mejantes se cuentan en las vidas de los Santos. Estos nos enseñan a tener siempre esperanza y confianza fi– lial en la Madre llena de clemencia y de misericordia. Súplicas.-¡ Oh clementísima, oh dulce, oh siempre Virgen María! Ten misericordia de nosotros, pecado– res. Tú eres Reina poderosa y clemente, inclínate, por piedad, para levantarnos de la culpa. No nos dejéis caer en el abismo de la desesperación. Obtiénenos la con– trición perfecta de nuestros pecados y la esperanza de la salvación. ¡ Oh Santísima Virgen del Carmen!, mira tantas almas que están en el Purgatorio expiando sus culpas. Derrama sobre ellas el bálsamo del consuelo, mitiga sus penas, sácalas de aquel lugar de sufrimien– tos y llévalas al cielo para cantar eternamente tus mi– sericordias. Propósitos.-Y o quiero arrepentirme de mis peca– dos; deseo cambiar de vida; propongo servir a Dios y cumplir con mis deberes. Reina clementísima, óyeme. Consigue del divino Asuero la revocación del decreto de mi eterna condenación. Haz que yo me salve por tu clemencia de Reina y Madre. - 226 -
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