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hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete." Por esto asemeja el reino de los cielos a un rey que quiso tomar cuentas a sus siervos. Al comenzar a tomarlas se le presentó uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con que pagar, mandó el señor que fuese vendido él, su mujer, sus hijos y todo cuanto tenh, y saldar la deuda. Entonces el siervo, cayendo de hinojos, dijo: "Señor ten pa– ciencia conmigo y te lo pagaré todo." Complacido el señor de aquel siervo, le dispidió condonándole la deuda. En saliendo de allí, aquel siervo se encon– tró con uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y agarrándole le ahogaba diciendo: "Paga lo que debes." De hinojos le suplicaba su compañe– ro diciendo: "Ten paciencia conmigo y te pagaré." Pero él se negó y le hizo encerrar en la prisión has– ta que pagara la deuda. Viendo estos sus compañe– ros, les desagradó mucho, y fueron a contar a su señor todo lo que pasaba. Entonces hízole llamar el señor y le dijo: "Mal siervo, te condoné yo toda tu deuda porque me lo suplicaste. No era, pues, de ley que tuvieses tú piedad de tu compañero, como la tuve yo de ti?" E iritado le entregó a los tortu– radores hasta que pagase toda la deuda. Así hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonare cada uno a su hermano de todo corazón" (68). Si (68) Matt., XVIII, 21-35. - 224,......

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