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vadas de la visí6n beatífica antes dé purificarse com~ pletamente. ¿ Cuánto tiempo durará esa privaci6nl Las ansias de ver a Dios cara a :ara son intensísi– mas, pero la consecuci6n y satisfacci6n se hacen esperar más o menos, según, el reato de culpa. ¿ Cuándo, Señor? ¿ Cuándo veré tu gloria? ¿ Cuán– do seré feliz? No tardes, ven, consuélame. · Me ayudarán las obras buenas de mis pr6jimos que viven en este mun,_do. Mitigarán mis penas los sufragios que apliquen por mí mis amigos y her– manos. Pero me consolará ·la clemencia de la Rei– na del cielo, que tendrá misericordia de mí. La Virgen del Carmen eón su Escapulario glorioso y su protecci6n poderosa descenderá del cielo al Pur– gatorio para llevarme a la feliz bienaventuranza. Regina, decor Carmeli, ora pro nobis. III. NUESTRA CLEMENCIA Nosotros pedímos a Jesús y a María el perd6n de nuestras ofensas y que tengan misericordia de nosotros. Lo que queremos que hagan con nos– otros debemos también hacer coh nuestro próji– mo. Oigamos las enseñanzas del Divino Maestro acerca del perd6n de las ofensas: "Entonces se le acerc6 Pedro y le preguntó: Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si peca contra mí? ¿ Hasta siete veces ?" Dícele Jesús : "No digo yo - 223 -

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